miércoles, 22 de mayo de 2013

EL SASTRECILLO VALIENTE II

22 DE MAYO

EL SASTRECILLO VALIENTE (segunda parte)

Un gigante decidió probar cuán valiente era un sastrecillo. El gigante eligió una enorme roca que habría aplastado al sastrecillo si le hubiera caído encima.
- Puedes hace esto? - le preguntó el gigante.
Alzó la roca, la oprimió fuertemente y unas gotitas de agua salieron de ella.
- Eso es bastante fácil - dijo el sastrecillo. Fingió tener una piedra entre sus manos, pero sacó el queso del bolsillo. Era un queso suave y blando. Un ligero apretón y le corrió un reguero lechoso por entre los dedos.
- Oooh! - dijo el gigante muy impresionado -. Puedes tirarla tan lejos como yo?
Tomó una roca y la arrojó con todas sus fuerzas. Voló por el aire como una centella y cayó con un golpe seco en la hierba, al menos a una media milla de distancia.
- Fácilmente - respondió el sastrecillo.
Esta vez sacó el pájaro del bolsillo. Se había recuperado del susto de estar atrapado en el arbusto y se alegró de poder volar en libertad. Cuando el sastrecillo lo tiró al aire, voló hasta que sólo parecía una manchita a lo lejos.
- Caerá al suelo en cualquier momento - dijo el sastrecillo mirando hacia el horizonte.
- Si eres tan fuerte - dijo el gigante -, puedes ayudarme a llevar este árbol a casa.
- Encantado - aceptó el sastre -. Ve delante y llévate las raíces; yo te seguiré y llevaré las pesadas ramas.
El gigante volvió a cargar el pesado tronco a la espalda. Las retorcidas raíces sobresalían por delante y no vio al sastrecillo meterse entre las ramas, detrás de él.
- Cuando quieras! - gritó el sastrecillo.
Y se sentó cómodamente a caballo en el árbol. Cuando llegaron a la cueva del gigante, éste posó el árbol y se sentó. El valiente sastrecillo no estaba cansado ni lo más mínimo. El gigante no podía dar crédito a sus ojos. Él se encontraba sofocado. Si este sastrecillo era tan fuerte como parecía, podría ser peligroso. Tendría que librarse de él.